
No pude dejar de recordar aquella tira de Mafalda cuando dice que al mundo le duele y me parece que es Vietnam. Hoy sin duda alguna le duele Haití.
Que inmensa cantidad de reflexiones me trae a la cabeza la desgracia en Haití. Por ahí en el Facebook, Fernando Rivera Calderón preguntaba, ¿ahora a quién le echamos la culpa de lo de Haití?
Culpables hay muchos, el actual orden económico, los constantes conflictos internos y con ello un complejo proceso de desarrollo que permita a este país ser autosuficiente, siendo el 60% de su Producto Interno Bruto (PIB) obtenido de donaciones.
¿Sería muy difícil para este planeta reconstruir a Haití? Me parece que no, desde lo hondo de mi ingenua alma altruista, en verdad creo que no. Los laboratorios médicos altamente cuestionados por el manejo de la vacuna para la influenza AH1N1 podrían comenzar a lavar su imagen surtiendo de los medicamentos y equipos médicos tan necesarios hoy en Haití. Si Cuba y Estados Unidos se pusieron de acuerdo para el tránsito aereo libre para llevar ayuda a Puerto Príncipe, ¿no podrían a partir de ahí sostener encuentros y acuerdos encaminados a establecer un más humano orden mundial?
En lo personal me desespera mucho ver lo difícil y complicado que ha sido hacer llegar la ayuda a los haitíanos, ¿cuántas vidas más se han perdido y se perderán por no haber llegado a tiempo para retirar escombros y sacarlos, cuántos más por la falta de atención médica oportuna, y acaso habrá más debido a las revueltas que podrían preentarse de no agilizarse la ayuda y distribución de limentos?
No tengo ni palabras para describir lo que sentí al ver a René Preval, presidente de Haití, sin poder responder cuántas víctimas, qué harían, vamos, no sabía ni dónde dormiría esa noche.
Y qué pasará cuándo la ayuda y asistencia del mundo deje de llegar, cuando la capital del país está prácticamente destruida.
Se me ocurren tantas cosas. Muchas que tienen que ver con mi inmediata referencia, cómo nos pasa a todos. Hace poco en mi examen del master, la maestra española, me decía: "nunca imaginé que la radio pudiera ser hoy todavía de utilidad, pero veo que sí, me parece interesante su proyecto". Hoy, sin duda alguna, esa radio a la que ya muchos ven como antigua y desfazada es, desde mi opinión, elemento fundamental para establecer una comunicación que es claro está rota en más de una dimensión en Haití, no ya sólo por la cuestión de infraestructura, es un problema interno de una dimensión mucho más profunda, reflejado en la gran cantidad de conflictos y revueltas.
Pienso en reconstruir esa ciudad, ese país, que ahora está acéfalo, con el caos en Puerto Príncipe, qué pasa en el resto de Haití. Y cuando pienso en reconstrucción lo hago con la idea de poner en práctica lo que tanto hemos discutido y hablado, planeta entero, en las cumbres mundiales de desarrollo, tanto reflexionado y escritodo sobre las políticas públicas, sobre la construcción de sociedades del conocimiento, sobre la comunicación para el desarrollo, sobre las economías verdes, el protocolo de Kioto sobre el cambio climático. ¿Y si pudieramos entender la lección? Que cuando un evento natural cómo este ocurre, somos absolutamente vulnerables y necesitaremos ayuda. Y si fuera posible construir un nuevo Puerto Príncipe basado en todo lo que hemos aprendido que no se debe hacer y lo que hoy sabemos que debemos hacer. ¿Es tan difícil pensar en ayudar, en colaborar con los haitianos para construir una ciudad verde, sustentable, amigable? ¿Y si colaboramos y ponemos en práctica todo lo hablado y discutido sobre las nuevas formas de construcción del conocimiento y educación para y a lo largo de la vida ofreciendo opciones de superación y desarrollo personal? ¿Si acompañamos a aprender a pescar en lugar de llevarles pescados, de manera colaborativa, donde la experiencia y caudal de saberes acumulados por la humanidad logren una mejor calidad de vida para los haitianos?
No sé si sólo a mí me pasa, pero siento tan inmóvil a los haitianos, no sé si sea el shock, pero parece que no se organizan. Hoy comprendo más y me parece mucho más valioso en la historia de mi ciudad el papel que la sociedad civil jugó durante los terremotos del 85 y el cambio que eso marcó en nuestra historia.
Siento dolor, desánimo, impotencia, angustia... y sí, a veces me da por soñar.




1 comentarios:
Después de ver todas las imágenes y testimonios del desastre, ahora lo increíble y frustrante es ver como la desesperación de la gente sobrepasa a los que intentan hacer llegar la ayuda.
No sé como le van a hacer para repartir las toneladas de ayuda, al ver esas imágenes tan impactantes.
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