
Querido Ulises:
¿Hace cuánto nos conocemos? La pregunta, claro, tiene trampa, podríamos ser documentales y decir que unas horas… pero podríamos ser fantásticos y decir que un par de eones.
Preciso escribir, escribirte. Contar, contarte… La última semana y media he vivido una experiencia por demás enriquecedora, durante este tiempo se rompieron mis dimensiones de espacio y tiempo. Acudí al llamado y he visitado más de 80 mundos en tan sólo ocho días. He vivido en penumbras, en el mundo de la luz y la sombra, del sonido y los silencios. Viajando en un tobogán de emociones, de la sorpresa a la indignación, de la injusticia a la esperanza, del asco a la música, del desierto a la selva, he visto en estos días tantos rostros de la humanidad. Quizá cualquiera otra se hubiese tomado un tiempo prudente para digerir esta experiencia. Y vamos, yo pensé que así sería.
Y es que no tengo remedio. Cuando supe que tu peli se exhibiría, pensé: Ahora sí que no se me escapa. Ha sido una aparición intermitente en mi camino, he intentado verla, pero no había sido posible. Desde hace días se lo dije a José Antonio, ayer que terminaron mis tareas se lo repetí: quiero verla, le traigo unas ganas. Como hace un rato les dije, no soy un vampiro, ni lo deseo. Lo mío más bien, es la brujez. Una bruja a la que indudablemente le fascinan los vampiros… donde los haya, salvo, en el Crepúsculo.
Hoy, desperté para regresar a mi cotidiano. Con un firme deseo, una meta decidida hace días. Trabajar a todo durante la mañana, luego de casi dos semanas de no estar en la oficina, para hacerme ese tiempo necesario para acudir al llamado y ver tu película.
Pensé que no iba a lograrlo… El día fue por demás complicado. Por ahí alguien dijo (de hecho un reconocido cineasta italiano de cuyo nombre no puedo acordarme) que la trascendencia de un viaje se media por la violencia del retorno. A esta hora sé que el viaje fue realmente turbulento. Y es que mi trabajo no quería soltarme, me retuvo lo más posible… Ahora entiendo que no eran obstáculos los que se me atravesaban, eran los ajustes del tiempo, que de no haberse realizado, no nos hubiésemos encontrado y tenido esa brevísima pero tan sustancial y entrañable charla, en la cual, me hiciste una revelación que me hizo pensar: “No por favor, no uno más, vine aquí para comenzar a olvidarme y tomar una necesaria distancia temporal de ellos, pero visto está que no hay escapatoria”.
ALUCARDOS.
Como buena revelación, me transfiguró y no me fue posible volver a ver las cosas con los mismos ojos. Te lo agradezco. Porque así, siento que he apreciado mucho mejor tu Trabajo.
¿Por dónde inicio? Creo que por dar las GRACIAS. Porque durante años he tratado de hacer entender que las cosas no deben ser siempre como han sido, porque es posible imaginar, romper esquemas, abrir opciones, crear posibilidades.
Y cuando la luz se fue e inició la película continuaron las revelaciones. Se me reveló Juan López Moctezuma de una manera tan sorprendente. Aquel nombre, aquella imagen que un inmenso brazo trajo hasta mí desde la lejanía del pasado, de recordarlo en muy otros ambientes, tan diferentes ámbitos. Qué gran historia, ¡que desgarro de historia!
Se me reveló también Alucarda (López Moctezuma, 1975), desconocía por completo la existencia de la película. Que imágenes, que escalofrío e indudablemente que hambre de verla.
Se me revelaron ese par de personajes, que grandes, resignifican la palabra Friki, la subliman, van muchos más allá: acólitos, iniciados… Alucardos.
Y todas estas revelaciones que acudían a mis sentidos conforman otra gran y fascinante revelación, tu película.
Las historias son alucinantes, muero porque podamos reencontrarnos y llenarte de preguntas, cómo llegó la historia a ti, cómo inició, quién encontró a quién, cómo fuiste encontrando los hilos de este entramado, qué hay de las revelaciones que seguramente tuviste… ¿Qué onda con esta aterradora Francisca? Excelentemente “documentado”, no sólo en la historia, sino en toda la parte iconográfica, de todos los personajes, fotografía, audio, videos caseros, film. Es evidente que hubo exhaustividad y rigor en la investigación, lo que lleva a un excelente guión. Agradezco las dosis de humor.
Cuanta belleza en las imágenes del cine. Que luz tan fascinante. Que exquisita secuencia de la mujer ascendiendo en medio de ese baño de luz color sangre que llegaba a ella atravesando el techo ruinoso (¡Argh! me da cargo de conciencia recordar mis dañinos saltos en aquel legendario concierto de Bauhaus).
La edición me resultó tan correcta, enriquecedora, refrescante y voy a atreverme a decirte que necesaria. Porque en efecto, es hora de romper las cuadraturas, de potenciar la creatividad, de ir hacia la innovación, la reestructuración de la pantalla debe ser el camino a explorar. Y tú has llegado a maravillosos y gratificantes puertos en tu exploración.
La luz, el color, los encuadres… atrapan, introducen, secuestran y te meten en una aventura que va creciendo y creciendo en el asombro, en la sorpresa, en preguntarse ¿eso estaba ahí? ¿por qué nunca supe? ¿cómo es posible que no me haya enterado de esto?
La música, los efectos, los silencios, siempre precisos, concretos, directos, inquietantes, acompañantes. Amé a Iradia Noriega.
La estética general de la película es tan congruente y coherente con el tema.
Antes de entrar a la sala, en tus intentos por ocultarte de tus seguidores te dije: déjate querer por tus fans… Permíteme contarte: antes de que llegaras, José Antonio me hizo un enormísimo halago. Yo no me siento cómo él me llamó (no, no podría repetirlo, que lo haga él que ha sido quien me ha llamado así), pero de esa charla derivó el hablar de la CONGRUENCIA, de ser fiel y honesto con uno mismo.
En su conjunto, veo en tu película una gran hechura, congruente y fiel a lo que te gusta, en lo que crees.
Que enorme lección, que llamada de atención para quienes piensan que no se puede (debe) romper esquemas, abrir nuevas puertas, explorar miradas, construcciones, dimensiones en la narrativa audiovisual y en los temas por abordar. Cuanta esperanza me das. Y es que a Alucardos no le falta nada, vamos, ni siquiera Carlos Monsivais.
Y hoy, en esta necesaria congruencia conmigo misma, así como te lo dije en la cara en su momento: no, no soy tu fan, primero déjame ver la peli. Hoy te lo escribo, con absoluto respeto, admiración y firme convicción: SOY TU FAN.
HE VISTO A ALUCARDA.
Salí de la sala a la agonizante luz de un día nubloso, con un chipichipi que mantenía deliciosamente fresca la tarde noche. Necesitaba hablar, hablar la película, sacar el mar de sensaciones e ideas que se atiborraban en mi cabeza.
Llamé a un amigo (que estoy segura conoces: Javier Quintanar (¡¡¡¡¿hay alguien que no conozca a Javier Quintanar?!!!!)), más allá que para preguntarle cómo estaba todo en la oficina, para imponerle una misión: Encontrarme Alucarda. Necesito verla. Y el acuerdo: mañana hablamos, mil ideas, mil sensaciones.
Entré a la librería de la Cineteca, es que no más no me sentía cómoda, rebuscando me compré un par de pelis y un libro, luego fui por un café, luego di vueltas, vueltas y vueltas. Inquieta, inquita, inquieta… hasta que me sentí lista para subir al auto y permanecer quieta para manejar el largo trayecto que tenía que recorrer.
Salí de la Cineteca, agarré pa’ el Circuito. El tráfico a toooodo. Y entonces sucedió: Ahí en la esquina, parada, impasible, estaba Alucarda. Mis ojos no podían dejar de mirarla, me paralicé, un pensamiento lejano me distrajo un momento: el celular, la cámara, tómale una foto… Y claro, el jodido celular nunca apareció. No valía la pena perder el tiempo buscándolo, regresé mis ojos a ella, ahí seguía, parada en la esquina de Avenida Coyoacán y Churubusco, negro impenetrable de la cabellera a los pies, piel blanca, un rostro hermoso, enmarcado en una negrísima y larga cabellera, los ojos perdidos en el infinito… y me quedé ahí, hipnotizada, si ella hubiese girado la cabeza y me hubiese visto de frente, no sé, no sé qué hubiese pasado, gracias doy de que no lo hizo y así permanecí hasta que una camioneta se interpuso entre nosotras.
Siento que asistí a una iniciación. Que fui tocada. Esta noche, querido Ulises, ya soy un Alucardo.
Gabriela Mejía Rosas.
Nezahualcoyotl, Estado de México, 13 noviembre 2011
















